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LA ESCLAVITUD ES UN TRAUMA FUNDACIONAL

Por: César Rodríguez Garavito / Especial para El Espectador | Elespectador.com

Se abre paso el debate sobre reparación a las comunidades negras, así como estudios sobre los esclavizados y sus descendientes en la construcción de la nación. Entrevista con el historiador Alfonso Múnera.

Incluso en un país desmemoriado, sorprende el silencio sepulcral sobre una de las experiencias fundacionales de la sociedad colombiana: la esclavización de decenas de miles de seres humanos traídos forzosamente, como mercancía, desde la costa occidental de África.

Aparte de un puñado de láminas en textos escolares olvidados, son escasos los rastros en la conciencia colectiva del origen de al menos cinco millones de ciudadanos que se reconocen como afrodescendientes, o del lugar central de Cartagena en el despegue del comercio transatlántico. El mismo que llevó a la deportación forzada de 12,5 millones de africanos a las Américas a lo largo de 366 años y que constituye “uno de los crímenes contra la humanidad más grandes de la historia”, como concluyó recientemente el historiador David Brion.

El resultado no es sólo la falta de datos históricos básicos. Es también la ausencia de una discusión abierta sobre los efectos actuales del legado de la esclavitud. Afortunadamente, la situación parece estar cambiando. Los estudios internacionales ofrecen un panorama más completo, como el de la base mundial de datos sobre el tema que llevó a la publicación reciente del Atlas del comercio esclavista trasatlántico (slavevoyages.org).

La ONU declaró el 25 de marzo como el Día Mundial de las Víctimas de la Esclavización. En Colombia comienza el debate que se ha dado en otros países sobre reparaciones a los afrodescendientes, como lo muestra el importante trabajo dirigido por Claudia Mosquera y Luiz Barcelos (Afrorreparaciones), que se suma a un número creciente de estudios sobre la historia afrocolombiana. Destacan los de Alfonso Múnera, historiador y vicerrector de la Universidad de Cartagena. Sus libros Fronteras imaginadas y El fracaso de la nación son reconocidos estudios pioneros sobre  los esclavizados y sus descendientes en la construcción de la nación.

César Rodríguez G. : ¿Para qué hablar sobre la esclavitud hoy?


Alfonso Múnera: En todas partes hay quienes dicen que mirar el pasado  es una manera de obstaculizar el progreso. Recuerdo la respuesta del filósofo Jürgen Habermas en el debate alemán sobre la herencia del fascismo hitleriano. Él decía que esos momentos terriblemente traumáticos que marcan la historia de un pueblo no se pueden superar simplemente olvidándolos. En la nuestra, la esclavitud es uno de esos traumas fundacionales. Hay que valorar y difundir las circunstancias y las experiencias históricas, porque sólo en la medida en que ciertas verdades se vuelven colectivas, logramos, ahí sí, empezar a superar esos traumas.

El trauma fundacional de la esclavitud sigue pesando de manera aplastante sobre miles y miles de seres humanos, a quienes redujo a una condición de inferioridad, les negó posibilidades y los puso en circunstancias de enorme desventaja. Hay que partir de ese reconocimiento porque ese trauma está detrás de la marginalidad, la exclusión y la miseria de la gran mayoría de los afrocolombianos.

C.R.G.: ¿Qué efectos tiene hoy la herencia de la esclavitud?


A.M.: Haber tenido esclavitud durante más de tres siglos generó un modo de sentir, un modo de pensar, de imaginarse las relaciones entre los seres humanos, unos valores, unos sistemas de jerarquía. La herencia que nos dejó fue ese sentimiento y esa racionalización hacia los esclavos y su descendencia, que estaba signada por el hecho de considerarlos seres inferiores. Creo que todavía cargamos con ese terrible lastre.

Pero también la migración forzosa, inhumana, de cientos de miles de personas que llegaron a nuestras costas, ha sido una influencia decisiva en otros aspectos profundamente positivos. Nadie podría negar que la cultura colombiana está marcada por esa riqueza de la diversidad, en la cual el aporte de los africanos y sus descendientes ha sido definitivo. No me refiero sólo a la música y la danza. Me refiero a otras cosas igualmente profundas y que han ejercido una influencia muy benéfica: las cosmovisiones de los africanos, su modo peculiar de entender las relaciones humanas, todo ese equipaje cultural que difundieron.

C.R.G.: ¿Qué significa la esclavización en la historia colombiana?


A.M.: Significó la vigencia de un sistema de trabajo, de unas relaciones de vida y de una cultura que dominó la vida colonial y se extendió hasta mediados del siglo XIX.

A veces se olvida la verdad elemental de que la economía colonial se sostuvo básicamente sobre los hombros del trabajo de los esclavos. No sólo la minería del oro y de la plata, que fueron la base de esa economía, sino también las grandes haciendas, tanto azucareras como ganaderas, o el transporte de la vía principal, que era el Magdalena. La esclavitud no fue una cosa accidental ni menor; estuvo en el centro mismo de la vida de los colombianos de aquel entonces.

C.R.G.: ¿Hay alguna relación entre el olvido colectivo sobre la esclavitud y la opinión de que en Colombia no hay racismo?


A.M.: Siempre ha habido debate sobre qué fue prime ro, si la esclavitud o el racismo. Creo que hoy tenemos claro que el racismo es una consecuencia de la esclavitud, una de las más perversas. Lo que pasa es que en Colombia se construyó exitosamente una ideología, unos imaginarios que pretendían convencernos de que el proyecto del mestizaje había creado la base sólida de la nación. Detrás de eso se ocultaban las prácticas discriminatorias y profundamente racistas contra negros e indígenas. Así se creó una especie de sentido común, según el cual no había existido racismo en Colombia, o tuvimos un racismo más benévolo, como si hubiera racismos más benévolos que otros. Por eso, cuando se plantea el tema del racismo, y cuando se proponen acciones afirmativas y reparativas de esa experiencia perversa de la esclavitud, surge la crítica de que lo que estamos haciendo es imitar la experiencia de países como EE.UU.

C.R.G.: ¿Faltan  planes de acceso de  los afrocolombianos al sistema educativo y otros espacios?


A.M.: En el debate sobre las acciones afirmativas falta una comprensión de cómo funcionan ciertos fenómenos históricos. El daño de la esclavitud no concluyó con la ley de la abolición de 1851. Esa sería una manera de interpretar la historia bastante mecánica y, de hecho, ahistórica. Con la ley no desaparecieron los efectos de la esclavitud. Además, el Estado no hizo casi nada para que los sectores que la habían padecido lograran procesos rápidos de inclusión y de progreso en la Colombia de los siglos XIX y XX.

Ante eso, algunos replican que ha habido negros que han logrado estudiar y que cuando la gente se esfuerza, progresa. Pero ese es un argumento falaz, porque convierte la excepción en la regla. Lo que demuestra el hecho de que muy pocos lo hayan logrado, es precisamente que han existido unas estructuras que han impedido que muchos más pudieran hacerlo. Esas estructuras son heredadas de la esclavización, y no cambiaron con la República o la ley que abolió la esclavitud, sino que siguieron vigentes y consolidando las circunstancias desfavorables en que siguen viviendo estas comunidades.

C.R.G.: ¿Qué le dice la herencia cultural africana a la realidad colombiana de hoy?


A.M.: Hay un bello artículo de Manuel Zapata Olivella, en el que decía algo para reflexionar en esta época de recrudecimiento de la criminalidad en Colombia: que los pueblos africanos, traídos a América como esclavos, trajeron consigo una cosmovisión de profunda armonía del ser humano con la naturaleza, con los demás seres humanos y con los muertos.

Es la cosmovisión evidente en los valores comunitarios de lugares como Palenque, o muchas comunidades del Pacífico. O como en la Cartagena que yo conocía, donde el crimen violento era excepcional. Eso se ha ido perdiendo y habría que recuperarlo.

Otro ejemplo es el baile, que se ha folclorizado hasta el extremo, pero que tiene un papel fundamental en la construcción de las relaciones humanas, en el desarrollo de lo que alguien llamaba “la inteligencia del cuerpo”. También la música y la gastronomía colombianas, a las que tantas contribuciones han hecho los africanos. En fin: tantas cosas que están allí, esperando ser desentrañadas y recuperadas.

 *Coordinador del Observatorio de Discriminación Racial (www.odracial.org).

Mayo 21, Día de la Afrocolombianidad


Como cada año, el próximo 21 de mayo se celebrará el Día de la Afrocolombianidad con eventos alrededor del país. Pero poco se sabe sobre el significado histórico de esa fecha. La razón de la conmemoración es el aniversario de la abolición de la esclavitud, ordenada por la Ley 2 del 21 de mayo de 1851.

Con ocasión del aniversario 160 de aquel hito histórico, la esclavitud y su legado son los temas de esta entrega de la serie “2011: Año Afro” de El Espectador y el Observatorio de Discriminación Racial, conformado por Dejusticia, el Proceso de Comunidades Negras y el Programa de Justicia Global y Derechos Humanos de la Universidad de los Andes.

Las cifras de la esclavitud


Según Alfonso Múnera, “los estudios sobre la esclavitud en Colombia están apenas comenzando”. Por eso, las cifras son incompletas y sólo permiten vislumbrar la magnitud del fenómeno. Se sabe que el primer barco del comercio esclavista que atracó en Cartagena fue el español Santa María de Guía, que en 1549 llegó al puerto con los 166 sobrevivientes de un grupo inicial de 224 africanos sometidos a la tortura del viaje transatlántico.

Enriqueta Vila calculó que, entre 1595 y 1640, los comerciantes portugueses trajeron forzosamente a Cartagena entre 125.000 y 150.00 esclavos. Algunos permanecían en el actual territorio colombiano, mientras otros continuaban el viaje para ser vendidos en Perú. De acuerdo con Germán Colmenares, cerca de 925.000 personas fueron traídas como esclavos a Hispanoamérica entre 1521 y 1807.

Sab, 05/14/2011 - 22:00

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